Escucho desde hace tiempo esta palabra, que habitualmente se asocia a ganar y a tener éxito.
Y me pregunto qué consecuencias trae pensar así.
Lo primero que se me viene a la cabeza es frustración. Porque quiere decir que solo somos competitivos si ganamos, y si entramos en nuestra propia o ajena definición de éxito.
Para mi ser competitivos es otra cosa, es tener herramientas para solucionar los problemas que se me presentan.
Es tener pasión y tener entrega.
Es tener claridad para reconocer lo que me falta.
Es querer aprender todo el tiempo, ser curioso, y poner empeño, es algunas veces sacrificio.
Es siempre compromiso.
Un equipo competitivo es el que sabe cuáles son sus fortalezas y trabaja en mejorarlas.
El que  sabe cuáles son sus carencias actuales y busca la manera de aprender y solucionarlas.
El que sabe vivir un conflicto y tener la sabiduría para aprender de él, y crecer.
El que cuando pierde no busca excusas externas, sino causas propias, y se pone a ello. Demostrando humildad.
El que sabe que su valía no depende del resultado de un partido.
La valía está en el proceso, en sus actitudes y en sus acciones, en cómo piensa , en como siente,  en como se relaciona con él mismo y con todo lo que le rodea.
La competitividad está en  sacar el peso del resultado y poner  el foco en la acción del día a día, conectado a la tarea y orientado al objetivo.
Tanto para un equipo, como para un atleta.
 
Eso es ser competitivo.
Laura Moreno.
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